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La Coctelera
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Un par de percances ridículos

Soy torpísima. Mi familia siempre me burla de mi capacidad de tropezar con algo: bordillos, escalones, mis propios pies. Por lo tanto, no es muy sorprendente que tuve muchas heridas en mi vida. Sí, rompió bastantes huesos y tengo las cicatrices para demostrarlo. Pero no todos estos accidentes fueran dolorosos, a menos ya no. Aquí son unos pocos de los más raros.

Tiempo: mi decimotercero cumpleaños. Lugar: un restaurante en los Alpes italianos. Lección: las velas más pelo largo colgante igual a peligro. “Feliz Cumpleaños” es una canción entretenida y es aún más entretenida cuando un restaurante lleno de esquiadores italianos está cantando para ti mientras admiras tu tiramisú encendido. Sin embargo, no es muy entretenida cuando un camarero te está pegando en la cabeza con un mantel y gritando ¡Mama mía! con todas sus fuerzas. Dos semanas antes pude deshacerme el olor de pelo quemado. Por lo visto, deseó la cosa incorrecta cuando estaba apagando mis velas: en vez de un cachorro, debí desear un poco sentido común y un corte de pelo. Ahora por seguridad, siempre llevo moño a mis cumpleaños.

Tiempo: un fin de semana sin hacer nada en particular cuando tenía catorce años. Lugar: el piso de mi cocina, jugando con mi cachorro. Lección: nunca pongas una goma en el diente de tu cachorro o podrías acabar en el hospital con una retina rayada. Créeme, no es fácil de explicar a una enfermera la física involucrada en como la goma rebotó en el diente de tu cachorro y en los ojos. Inevitablemente, encontrarás preguntas difíciles como: ¿Por qué había una goma en el diente de tu cachorro? y ¿Eres idiota? Las respuestas correctas son: no sé doña, y sí, soy idiota.

 

 

10, jul | sin comentarios Posteado por: Cristina compártelo

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